Familia católica en Sri Lanka: “En los atentados de Pascua perdimos a nuestro amado padre, pero no perdemos la fe”

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Una familia católica de Sri Lanka afirmó que en los atentados de Pascua perdieron a Sudheera Fernando, padre de tres hijos, en la explosión perpetrada por islamistas durante la Misa de Pascua, en abril pasado, en la iglesia de San Sebastián en Katuwapitya, Negombo. “Creemos en Dios, amamos a Jesús, y volvemos nuestros pensamientos al descanso eterno en la casa del Padre. No tenemos palabras de enojo o venganza hacia aquellos que hicieron nuestras vidas tan miserables”, aseguró la viuda Geetha Appuhamy, que actualmente vende arreglos florales sencillos y que sin la ayuda de la Iglesia y de la Archidiócesis de Colombo habría terminado en la calle.

Una familia católica de Sri Lanka afirmó que en los atentados de Pascua perdieron a Sudheera Fernando, padre de tres hijos, en la explosión perpetrada por islamistas durante la Misa de la iglesia de San Sebastián en Katuwapitya, Negombo, pero que “no pierden la fe”, al cumplirse 7 meses de la masacre. En la masacre, Geetha Appuhamy, de 42 años, perdió a su marido Sudheera, de 48, y se quedó sola con sus hijos Sudhara y Elisha, y su hija Feona Angel. El 21 de abril pasado, terroristas atacaron dos templos católicos y una protestante, además de tres hoteles en Colombo, donde dejaron 263 víctimas fatales.

En los atentados de Pascua perdimos a nuestro amado padre, pero no perdemos la fe“, precisó la familia, que ese día asistió a la Misa dominical, donde su hija cantaba en el coro, el padre estaba sentado en la primera sillería y la madre estaba afuera con sus otros dos niños. En la explosión, murió el padre que se recuperaba de una enfermedad. En 2014, él tuvo que dejar el trabajo por padecer una insuficiencia renal. Después le hicieron un trasplante, pero quedó paralizado y tuvo dificultades para expresarse. Geetha precisó que su esposo “se iba recuperando poco a poco y en el último período estaba mejor” y por eso participaron en las Misas de Cuaresma. “Todas las mañanas a las 7 íbamos a Misa. Al final de los 40 días, empezó a hablar de nuevo. Para nosotros era un milagro, estábamos muy felices”, recordó. 

Indicó que “unos días después, sin embargo, se produjo la explosión de la bomba y -su esposo- fue muerto por un trozo de metal que le golpeó en la cabeza. Dios da y Dios toma”, sostuvo la viuda, que actualmente vende arreglos florales sencillos y que sin la ayuda de la Iglesia y de la Archidiócesis de Colombo habría terminado en la calle. “No hay momento en el que no pensemos en él y no podamos dejar de llorar. Creemos en Dios, amamos a Jesús, y volvemos nuestros pensamientos al descanso eterno en la casa del Padre. No tenemos palabras de enojo o venganza hacia aquellos que hicieron nuestras vidas tan miserables“, aseguró.

Fuente: Asia News.

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